Las manos sagradas de Mazda: los místicos takumi

Hiroshima siempre fue una ciudad cosmopolita con destacados artesanos. La artesanía fundó un valor entre el sistema comercial comunitario, pero también un vínculo intergeneracional entre las familias. Con el apogeo del mercado nipón después del Plan Dodge y del Tratado de San Francisco posterior a la Segunda Guerra Mundial, Mazda estuvo en el centro del milagro económico japonés y pese a su gigantesca industrialización, jamás se perdieron las raíces tradicionales. Por ello, Mazda se vale de la calidad de sus propios takumi, los maestros artesanos del diseño y del movimiento. Icónicos baluartes de la industria automotriz.

El curioso ritmo de la artesanía en Mazda

Mazda Motor Corporation debe competir en un paradigma de producción incansable a nivel internacional. De hecho, desde aquel nostálgico lanzamiento de su primer vehículo de tres neumáticos en octubre de 1931, este constructor ha fabricado poco más de 50 millones de unidades hasta la fecha. Una cifra impresionante. Naturalmente, es lógico imaginar una orden para que las instalaciones continentales de Mazda alrededor del mundo produzcan más y ocupen las primeras posiciones de venta en diferentes países. Bueno, esto no es necesariamente cierto.

Masamichi Kogai, nuestro Director Ejecutivo y CEO de Mazda, ha ratificado uno de los planes más interesantes de la industria de automóviles. Si bien Mazda produce aproximadamente 1,600,000 unidades de carros en un año fiscal y pretende lograr hasta 2 millones a partir de marzo de 2024, la directriz general descansa en una variable cuyo ritmo es más parsimonioso, refinado y desligado de la comercialización desenfrenada.

Los takumi máster

Kogai heredó uno de los departamentos de diseño más extravagantes y vanguardistas de la industria: el Mazda Takumi Máster. Una división de artesanos cuya raigambre encuentra sus orígenes en el nacimiento mismo de Hiroshima y que acompaña a cada Mazda desde 1999 para ofrecer una mística más humana. Acá aparecen los personajes más determinantes de la filosofía de diseño de la empresa oriental. Maestros artesanos con más de dos décadas de experiencia capaces de enaltecer el valor centrado en la persona dentro de cada vehículo. Así es como Mazda ha encontrado el balance idóneo entre líneas de producción y vocación artística.

La organización de lo sensacional

Mazda es un bastión de valores específicos muy bien diferenciados de su competencia. Entre estos, es posible nombrar su inspiradora labor histórica en durante el drama de Hiroshima en 1945, la adaptación del motor rotativo a mediados de los 60 o la creación del roadster Miata MX-5 en 1989. Así de excepcional y relevante es la labor del takumi. Un tesoro místico y envolvente en la línea de producción de Hiroshima, apenas comparable con pocos fabricantes europeos.

Nobuyuki Fukui es uno de los padres fundadores de la división artesanal y su actual presidente, quien en torno a 1999 dio el primer empuje al arte en movimiento como filosofía. Su testimonio confirma la tentativa de Mazda por enfocar toda su producción en vehículos de altísima calidad sensorial, táctil, visual, olfativa. Un esfuerzo denodado por trascender la idea habitual de un vehículo.

La osadía del talento

El takumi es un grado honorífico. Alcanzarlo es reconocer a un maestro artesano con al menos 20 años en Mazda y sus funciones consisten en acompañar cada fase de la construcción de una unidad. Arcillan a mano, evalúan cada textura de manera empírica, someten lociones aromáticas del habitáculo a sus propias reacciones, moldean los metales con sus propias fuerzas, evalúan imperfecciones al ojo, ultiman detalles en los motores e incluso los autografían en algunos casos especiales. Así es como permiten encontrar la esencia Kodo y Zoom-Zoom de la manera más humana posible.

Si bien están acompañados por especialistas e ingenieros en campos diversos, estos artesanos exhiben un descomunal talento enfocado en construir un vínculo absoluto entre el placer y el conductor. Estos hombres y mujeres alcanzan una pericia hasta el epítome en que son capaces incluso, para conseguir la excelencia del proceso, de afilar manualmente los metaloides del chasis hasta la vigésima parte del ancho del cabello de una niña o alcanzar líneas arcilladas de una delicadeza inimitable. Sus manos son, sin temor a equívocos, excepcionales. Aquí descansa la inconmensurable riqueza de Mazda.

Manos milenarias para el siglo XXI

Los takumi sobresalen no solamente por su atención a los detalles, sino por ser capaces de estar a la altura de las demandas contemporáneas sin renunciar a su disciplina milenaria. En Mazda, de hecho, esta escuela artesanal es parte irrenunciable de su identidad. Los takumi enseñan, así como se hacía en Hiroshima varios siglos atrás, a jóvenes aprendices, mujeres y hombres, a perfeccionar técnicas que ni lo digital o lo industrial han logrado desplazar. Es así como la grandiosa humildad de las manos humanas encarna un símbolo intrínseco de Mazda: arte puro para la vida cotidiana. De ahora en adelante, cuando ingrese a un Mazda, recuerde que está adentro de algo más que un carro.

Si descubriste que un Mazda es tu carro ideal es porque viviste el Jinba-Ittai.

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