Mazda está enraizada en una historia profunda y en una relación honesta con las personas. Para descubrir su filosofía, es decir, los fundamentos de su identidad y su relación con el movimiento, es necesario repasar, con sencillez, parte de los anales que la han constituido en un referente planetario como una de las puntas de lanza de la industria automotriz, todo, por supuesto, en términos de ingeniería, desempeño, artesanía, diseño y tecnología de punta.

Pues bien, en 1920, Shinpachi Kaizuka se convirtió en el primer presidente de la

Toyo Cork Kogyo Co., Ltd.

Al siguiente año, Jujiro Matsuda le sucedió en el puesto. Abandonaron el comercio de corcho y notaron la rentabilidad en la producción de piezas para maquinaria. También fabricaron motocicletas. Meses más tarde, trasladaron la planta hacia una antigua granja de sal de Hiroshima, en Fuchu-cho, detrás del monte Hijiyama.

El elemento mítico de esta empresa comenzó cuando decidió participar y ganar las carreras motorizadas del Shokon-sai (el memorial de los caídos en la guerra) a finales de 1930. 

Aquí se estableció una auténtica relación con la gente, pues esa empresa ganó honor para su pueblo. La otrora fábrica de corchos pasó a ser respetada como una entidad guardiana de la memoria histórica de su gente. En reciprocidad, el pueblo ofreció su candor y su respeto. Aquí nace Mazda.

Pero Mazda, además, fue fundamental para levantar el espíritu y el ánimo de una ciudad luego de los terribles bombardeos nucleares de 1945. Hiroshima y su resurgimiento, gracias al esfuerzo de la fábrica de Mazda, es un vínculo que hoy representa el epítome de la filosofía de este constructor. La historia de la prefectura de Hiroshima constata a la perfección ese espíritu de humilde resistencia por conservar la vida. Es por eso que mukainada representa la templanza y la resistencia de aquella vieja fábrica de corchos que luego pasaría a llamarse Mazda.

Desde el dolor y el trauma de un infierno, la niñez, las mujeres y los hombres usaron sus triciclos Mazda-Go para ir, con vehemente honor, a resistir, aliviar y sanar a Hiroshima. Mazda pasó así a ser algo más que una planta constructora. Es ahora la metáfora de una comunidad capaz de sobreponerse a todo. Por ello la filosofía de Mazda se basa, especialmente, en el sentido de la lucha por defender la familia, confiar en los sueños y mantener la disciplina, todo con estilo, gracia y altísima calidad.

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