Mazda ostenta una filosofía cuya coherencia conceptual la ha colocado en un lugar de referencia en el mapamundi automotriz. Su impulsor principal es Ikuo Maeda, el brillante jefe de diseño del fabricante nipón, guiado, especialmente, por los claros y sólidos preceptos de los líderes de la corporación. Un estudioso de la historia del arte japonés, quien entró a la compañía en 1982. Desde 2010, Kodo constituye el legado de Maeda. Una línea conceptual de filosofía hecha pública por él mismo en Milán, cuyas consecuencias han reconfigurado el diseño, la tecnología y la visión hacia el futuro de la marca. Está inspirada a priori por el movimiento de la naturaleza, pero, sobre todo, es un homenaje a los Hibakujumoku, la portentosa vida que sobrevivió al terrible impacto nuclear de 1945 en Japón.

La beatitud de lo increíble

Hiroshima es la capital de Mazda. Su historia es también la biografía de este valioso fabricante cuya pasión y orgullo han construido el sentido de identidad sobre el cual se cimenta su influencia internacional. Sin duda alguna, el positivo impacto de esta empresa nipona durante la última década ha estado marcada por el lenguaje de diseño Kodo, el cual expone, entre muchas cosas, al Zoom-Zoom, la posibilidad de entender al vehículo de Mazda como un puente entre las sensaciones de asombro del perpetuo niño que hay en todos y el gozo más puro dentro de una máquina.

Una filosofía de humanidad, no de máquinas

Esta manera de entender la belleza automotriz tiene su origen, realmente, en los Hibakujumoku, el apodo que los habitantes de Hiroshima dieron a los árboles que quedaron de pie en la zona de la hecatombe atómica. Es la vida natural que resistió la ominosa explosión nuclear de 1945 y cuyos pliegues, formas, surcos y dobleces, así como resistencia, beatitud y crecimiento continuo, floreció para reencantar a toda la ciudad, para sorprender al mundo y para inspirar a los maestros artesanos de Mazda. El alma del movimiento radica en estos árboles, en la exclamación de la vitalidad y en la imparable fuerza de su trascendencia.

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