Mazda expresa la vida natural que resistió la ominosa explosión nuclear de 1945 y cuyos pliegues, formas, surcos y dobleces, así como resistencia, beatitud y crecimiento continuo, floreció para reencantar a toda la ciudad, para sorprender al mundo y para inspirar a los maestros artesanos de Mazda. El alma del movimiento radica en estos árboles, en la exclamación de la vitalidad y en la imparable fuerza de su trascendencia.

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